Viaje a Alleppey, India 11

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Noche 12 y día 13 – Traslado de Palolem a Alleppey

Voy a intentar escribir. Voy a intentarlo aunque lo más seguro es que empiece a marearme. Estoy en el tren nocturno Kochuveli Express recorriendo unos 900km para cambiar de estado, de Goa a Kerala.

Posiblemente este viaje en tren haya sido la mejor experiencia hasta ahora, o por lo menos la vivida con más verdad.

Me sentí muy cómoda desde el primer momento, desde que decidí salir de la “ladies waiting hall” de la estación de tren de Margao y sentarme en el andén a esperar, al fresco de la noche. Ahí conozco a una pareja de argentinos que me demuestran su amor a India y me dan los porqués posiblemente esta no sea mi última visita a este país.

Llega el tren. Subo a mi vagón y localizo la litera. En mi compartimento espera gente durmiendo y un trío despierto que se meten conmigo nada más llegar, desorientada. Un adolescente –el conciliador-, un adulto (algo infantil) -el curioso-, y un señor mayor –el gracioso– (me odio a mí misma por no acordarme de los nombres); un interrogatorio en toda regla: De dónde eres? Estás casada? Eres católica? De qué trabaja tu familia? Cómo es España?… Me acomodo y disfruto entre risas de este encuentro fortuito mientras me pregunto si no estaremos molestando a los que ya duermen.

Llega un cuarto compañero y me reconoce del festival de Panjim,es operador de cámara y hablamos de cine, Red One y películas. Los demás con su humor y curiosidad preguntan y se unen.

Así pasamos el tiempo bromeando, haciendo el pacto de que ninguno dormiría esa noche. Reímos.

El señor mayor se rinde y tras él, los demás. Feliz subo a mi litera, me acomodo y duermo segura y en paz mientras mi viaje prosigue.

Duermo mucho, muchísimo. Al despertar ya de día, sonriendo y aprisa me asomo para mirar hacia abajo desde mi litera buscando a mis nuevos compañeros. Pero no están. Ninguno.

En algún punto del trayecto nuestros caminos se separaron y así, sin despedida y sin recuerdo entran a formar parte de mi memoria como unos hilarantes fantasmas. Me arrepiento de no hacer una foto en cuanto llegué, abrumada, a este mi nuevo hogar por una noche.

Sigo escribiendo, no me mareo.

Este viaje todavía no había acabado. Me quedaba por conocer a Renju Raj, con el que las últimas e las 15 horas pasaron rápido entre bromas, lecciones e intercambio de cultura.

Ahí me veo, a punto de llegar, acompañada por un nuevo conocido y por el revisor del tren, sentado a nuestro lado hojeando mi guía de viaje, leyendo acerca de sitios de su país en los que nunca ha estado. Y yo sin ganas de que este tren se detenga en mi nuevo destino, Alleppey.

Lo hace, se detiene y me bajo. Ren me ayuda a cargar de nuevo con esta mochila que llenaré de nuevo al empezar de cero en este lugar.

SARA HORTA. Alleppey, 29-11-2015

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